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lunes, 3 de agosto de 2015

'Ant-Man'



Cuando Arnold Dane descubrió que su amada esposa Suzanne le había puesto los cuernos, decidió que el mejor momento para abordar la cuestión era mientras pilotaba la avioneta familiar en la que, además, viajaba su hija de tres años, Lorna. Bueno, error: Lorna era la niña que él había amado como suya pero que, en realidad, era fruto de la relación adúltera de Suzanne y un tal Magneto. Arnold, que ya se puede deducir que muy avispado no era si pasó por cornudo y padre de una niña de pelo verde durante años, pensó que allá en las alturas la traidora de su mujer no podría escapar de la furia de un hombre engañado. Y vive Dios que no escapó. Claro que él tampoco salió vivo de esa. Se conoce que la discusión entre el matrimonio fue escalando en intensidad hasta que, para intensita la nena, Lorna les pidió que se callaran del modo más efectivo que supo: generando un pulso electromagnético que apagó la avioneta. Cayeron y callaron. Para siempre. Magneto acudió a la llamada de la sangre y, viendo el percal y acogiéndose a la prudencia por una vez, pidió a Mente Maestra que le reescribiera los recuerdos a la niña y la colocó en casa de la hermana de la suelta de Suzanne. 

Pasaron los años y Lorna creció sana y feliza, ignorando que tenía poderes mutantes y un historial parricida. Al llegar a mocita se medio echó un novio, al que llamaban el Hombre de Hielo no por ser sentimentalmente incapaz sino porque era mutante. Fue el primero de una lista de errores en la elección de parejas, pues el tal Hielo terminó saliendo del armario años después. El caso es que, con esas, Lorna acabó ahí zascandileando con mutantes, hasta que un buen día llegó Magneto y le dijo “soy tu padre” y la metió en una máquina para despertar sus poderes mutantes latentes. ¿Pero qué sentido tenía eso si Magneto fue el que la había escondido tiempo atrás entre la white trash? Pues ninguno, porque es que resultó que Magneto no era Magneto, porque Magneto estaba muerto o, mejor dicho, se hacía el muerto para el mundo en plan bromi, y quien Lorna creía su padre era en realidad un robot. Mira si no es triste el tema. ¿Qué cómo una persona adulta puede confundir un androide con un padre? Bueno, ahí tuvo que ver que un tal Mésmero le manipulara la mente a la pobre Lorna para volverla malvada, que fue cuando en lugar de Lorna empezó a hacerse llamar Polaris, que es más nombre de villana mutante.

Cuando se resolvió todo este entuerto y Lorna volvió a ser buena, se echó un novio que resultó ser otro error porque era un Summers (el hermano de Cíclope, nada menos) y juntos se marcharon a hacer excavaciones en plan geólogos o alguna mierda así. El tema es que, sin comerlo ni beberlo, Lorna acabó siendo poseída por una entidad maligna llamada Malicia, con tanta mala pata que lo que se preveía una posesión de quita y pon terminó siendo permanente.  A todo esto, Mr. Siniestro sabía lo que iba a pasar, pero calló como un puta porque necesitaba una líder molona para que los Merodeadores ejecutaran la Masacre Mutante o una movida así gorda del estilo. 

Reposeída para el mal de nuevo, Polaris no tuvo tiempo, sin embargo, de demostrar lo cabrona que era porque, mira tú, apareció una hermana suya llamada Zaladane desde lo más profundo la Tierra Salvaje y la secuestró, muerta de envidia, para robarle los poderes mutantes. En el proceso, a Lorna le quitaron sus poderes, le arrancaron a Malicia y la convirtieron en una gigantona con superfuerza e invulnerabilidad. Que Dios (o, para el caso, el Alto Evolucionador) cierra una puerta pero abre una ventana. Y si no puedes manipular el magnetismo, puedes ser Hulka. O actuar como portal para el advenimiento del Rey Sombra, que eso es algo en lo que Lorna también tuvo que ver, otra vez sin querer, debido a la energía chunga de la que Polaris sacaba sus nuevos poderes.

Esto es solo un extracto de la azarosa vida de Lorna Dane, aka Polaris. Hay otros grandes momentos, como cuando Alex Summers la planta en el altar porque en realidad está enamorado de otra, o como cuando Lorna acaba siendo uno de los Cuatro Jinetes de Apocalipsis y, por supuesto, es LA PESTE.

¿Por qué suelto este rollo en una entrada sobre ‘Ant-Man’, que ni siquiera es mutante? Pues para que veáis lo enloquecido de las tramas de cómics de superhéroes. Con qué alegría se mezclan conceptos absurdos y se encabalgan historias inversemblantes. Y también, por qué no decirlo, porque es mucho más interesante hablar de una loser integral como Polaris que de ‘Ant-Man’.

‘Ant-Man’ es esa película que consigue que la frase “tu madre se volvió subatómica” suene ridícula, como sacada de una película de Dunia Ayaso y Félix Sabroso y descontextualizada en plan mal. Eso, insisto, en un universo, qué digo universo… ¡multiverso!, en el que existen personajes como Lorna Dane es una cagada en toda regla. Entendedme, en una peli con vocación de blockbuster veraniego no se puede pedir mucho, pero “¡Son las partículas [estas chungas de mi padre], que le afectan al cerebro!” no sería la forma de justificar al inclasificable malo de la peli. Y con esto ya van dos spoilers en un párrafo, así que seguiremos adelante para bingo.

La sensación general que me transmite la película es que se han esforzado poco y la han producido en serie, porque tocaba llenar el calendario de estrenos Marvel y dar algún bocado que llevarse a la boca al fandom antes de ‘Civil War’. Lo cual es lícito, pero creo que puede hacerse con más dignidad.
Las comparaciones son odiosas, pero a ‘Ant-Man’ le toca ocupar el hueco que dejó el año pasado ‘Los Guardianes de la Galaxia’: estreno estival y con personajes secundarios del universo Marvel. El camino ya estaba marcado, pero en lugar de hacer una película autoconsciente y con algún valor añadido externo a la película (estoy pensando en el “Awesome mix” de la banda sonora) en ‘Ant-Man’ se han inclinado por una película de trámite donde ni siquiera el protagonista resulta carismático. Que no es que Chris Pratt sea Chris Pratt (que lo es, vaya si lo es), pero en su primera escena walkman en ristre ya queda claro cómo es su personaje. Yo aún intento intuir si el personaje de Paul Rudd en ‘Ant-Man’ es un adorable caradura o un imbécil integral. En cualquier caso, gracioso no resulta y los pocos momentos memorables de la película no cuentan con él.

Y chimpón. Que poco más tengo ganas de añadir. Que después de Lorna me han entrado ganas de hablar de su concuñada Madelyne y ahí sí que ya me pierdo…



lunes, 1 de junio de 2015

‘Tomorrowland’: el futuro es una ciudad de Calatrava

It's Disney, bitch!

Ya podemos reivindicar nuestro niño interior y predicar lo bonito de ver el mundo a través de sus ojos inocentes, que cuando empezamos a hablar de una película nos sale el crítico del ‘Cahiers du Cinéma’ y no pasamos ni una. ‘Tomorrowland’ hay que verla del mismo modo que veíamos ‘Herbie, torero’ y todas esas delicias que venían en formato VHS dentro del mitiquísimo estuche blanco de ‘Walt Disney Home Entertainment’. Todo lo demás es… es… de adulto. *escalofrío*

Porque, sí, el director es Brad Bird. “Del director de ‘Los increibles’ y ‘Ratatouille’ llegaaaaa… ¡‘Tomorrowland’!” Pero eso es algo que solo nos importa a los que hicimos EGB. ¿Cuándo averiguaste el nombre del director de ‘Los Goonies? Suponiendo que lo sepas, claro. Por otro lado, el protagonista (o algo) es George Clooney, que para nuestro niño es intercambiable 100% por cualquier señor de más de 30 años aunque a la madre que paga la entrada le cueste entenderlo.

Además, si tan racionales quisiéramos ser nos tendríamos que negar en redondo en participar como espectadores en cualquier proyecto que involucre a Damon Lindelof. ¿No nos gusta jugar a la imdb? ¿Eh? Entonces, ¿qué estamos haciendo volviendo una y otra vez a las estupideces de este hombre? ¿Cuántas pruebas más necesitamos de que mucho lirili y poco lerele? Que sí, que plantea puntos de partida efectistas y atractivos pero es incapaz de concretarlos y darles recorrido en algo tan mundano como un guion. 

Para mí, lo que tiene que molar de ‘Tomorrowland’ mola: la empatía con la protagonista y el efectismo visual. Si yo fuera chaval me rendiría ante el carisma de Casey Newton, me fascinaría Athena y me haría pis con todo el despliegue de Tomorrowland. Muy posiblemente la pega que le buscaría a la peli es que la ciudad del futuro sale poco y que mola mucho más cuando es una maravilla luminosa y etérea que cuando reconoces el edificio ese que hay en Valencia. Como niño, también me hubiera gustado que el malo fuera más malo porque en la maldad está lo que mola. Este malo habla mucho y hace poco de malo. Los que malos que sí molan son los hombres de negro y el tipo de la sonrisa chunga. Y los de la tienda de friquis son la puta caña. 


Y, si fuera niño, a lo mejor, qué bonito es soñar, resulta que dentro de 20 años me dará un ataque de nostalgia por conseguir un pin con una T azul sobre fondo naranja. 

viernes, 29 de mayo de 2015

‘Mad Max: Fury Road’

¿Vosotros echábais de menos ‘Mad Max’? Porque yo no. Y mira que también tengo mis momentos de debilidad y me dejo llevar por la absurda nostalgia ochentera que nos invade. Pero es que de esta trilogía de películas apenas recuerdo a Tina Turner y sus pendientes de Ondamanía. Y ya no sé si sale en la segunda o en la tercera peli. Y Tina es la mala, ¿no? Porque Mel Gibson es el bueno, ¿verdad? Eso sí, la canción es un clásico imperecedero. Como la de Glenn Medeiros. Total, que algún productor sí que debía echar de menos ‘Mad Max’, porque el caso es que han dejado que George Miller continúe con el tema ahí donde lo dejó.

 
Vista la película, la verdad es que no entiendo muy bien qué le había quedado pendiente de contar al hombre. Me lo imagino ahí treinta años todo contrito, revolviéndose durante el sueño en lo más oscuro de la noche, despertando sudoroso en plan “Oh Dios mío, tengo todo esto dentro y necesito sacarlo”. Pero, al fin y al cabo, ‘Mad Max’ va de una tipa que pilla un camión y conduce ahí to’loca en línea recta mientras la persiguen y, llegado un punto (¡alerta spoiler!) se da media vuelta y sigue conduciendo en línea recta. Decir que hay ahí un subtexto interesante es como decir que qué bonica Leticia Sabater, arquetipo del juguete roto y la crueldad de lo efímero.

Me inclino más bien por pensar que lo que tenía sin dormir a George Miller eran los videoclipses de Lady Gaga y las películas de Michael Bay. Si con cuatro karts y dos muelles triunfó en los ochenta, qué no podría hacer con kilos de maquillaje, una pantalla verde y un par de Macbooks.

En ese sentido estético, las cosas como son, la película mola mil. De hecho aproveché la ocasión para ir a verla a la sala Phenomena, que es donde de verdad hay que ir a ver las películas si te importa el factor técnico. Es imposible no hacerte pis en la butaca con semejante proeza de alta definición y ese despliegue de Dolby Atmos, pero es que ‘Mad Max: Fury Road’ no está pensada para verla en screener con tu tableta, aunque sea un iPad con Retina.

Todo en la película pretende ser icónico hasta el hartazgo. Donde los personajes no llegan mediante el guión, llegan a golpe de caracterización. Ya no solo los principales como Furiosa, verdadera protagonista, o Inmortan Joe, el malo de la función, sino incluso personajes meramente funcionales como el harén de esposas, que parece un catálogo de Tommy Hilfiger postapocalíptico, o los War Boys. Si es que hasta el notas que va amarrado a un camión tocando la guitarra es un robaplanos...

 
Es más, el guión está pretendidamente podado para potenciar el impacto estético. A pesar de insertar flashbacks y alucinaciones en plan Balagueró en mitad de las escenas, en ningún momento se detiene la acción para explicar nada. Ni quién es Max ni cuál es su historia, ni cómo funciona el nuevo mundo en el que nos encontramos. Simplemente se nos lanza en mitad de una sociedad con conceptos tan molones como ‘bolsas de sangre’ y pintarse con espray la boca antes de suicidarse. Y tira millas –pun intended–. Pero como todo es tan chulo, de hecho nos mola que sea así. 

Sobre la acción… pues eso, es LA acción porque solo hay una. Desde que empieza hasta que acaba esto es un festival de tiros, mamporros y coches convertidos en chatarra. Que tiene mérito, y mucho, porque a pesar de durar dos horacas el festival y tener tan claro quiénes son los buenos el festival te mantiene en tensión todo el rato.

Dice Miller que tiene material para dos películas más, mínimo. Qué menos, digo yo, si con algo tan tonto como Furiosa yendo a echar gasolina te monta un numerazo  como este…


lunes, 19 de enero de 2015

'Big Hero 6'


Hay un momento en ‘Big Hero 6’ en que el protagonista, Hiro, abraza a Baymax, un robot inflable cubierto de vinilo. Como es una escena muy emotiva, detrás de ellos hay una ventana por la que se cuelan los primeros rayos de sol para enfatizar que es el amanecer de un nuevo día y que todo vuelve a empezar  y blabla. Todo lo que el momento tiene de cursi lo tiene de espectacular en la parte visual. El efecto de la luz en el cuerpo translúcido de Baymax es una auténtica virguería y, si el plano termina emocionándote como espectador es, en gran parte, por la perfección estética del momento.

Puedes hacer click en la foto para ampliar, pero en el cine, en HD, ya lo flipas.
Lo de esta escena es una constante durante toda la película. ‘Big Hero 6’ es una historia convencional envuelta por un deslumbrante apartado técnico. Lo cual provocará reacciones no menos predecibles en el público: mientras que los de arte y ensayo dirán que vaya mierdón, aquellos que nos pasaríamos horas observando el efecto de la luz en la armadura de Baymax pensamos que esta película es una puta locura. Una sobrada. Es, como dije en su momento, Disney sacándose la chorra y dando pollazos encima de la mesa.

Si ‘Big Hero 6’ no rompe la barrera de lo correcto desde el punto de vista argumental es, creo yo, porque llega tarde incluso para los niños menos expuestos a esta posmodernidad hambrienta de hoy en día. ‘Guardianes de la galaxia’ es un ejemplo muy reciente, casi simultáneo, de grupo de losers que se transforma en héroes de manera inesperada y, además, desarrolla una complicidad con el espectador que ‘Big Hero 6’ no consigue. Por otro lado, el innegable carisma de Baymax y su lado cuqui palidecen al lado del poder achuchable de un Totoro. Incluso elementos que resultan encomiables por introducir elementos de madurez en la historia, como el proceso de duelo por el que pasa el protagonista, redundan en clásicos inmortales como ‘El rey león’. Aunque no molesta para disfrutar de la película, hay una sensación de déjà vu constante, que solo rompe, como digo, el espectacular apartado técnico y artístico.

Pelo gana a vinilo.

Sinceramente, desconocía por completo  el cómic en el que se basa la película. Tampoco hace falta ser fan para asumir que lo que vemos en pantalla ha sufrido un proceso de disneyización, con sus valores clásicos y mensajes moralizantes. Pero, vaya, que si alguien quiere que lo traten como a un ser atormentado puede irse a DC, saliendo a mano derecha, y ponerse los Batmanses de Christopher Nolan uno detrás de otro hasta querer arrancarse la cara como el Joker. Lo que hacen las personas adultas, vaya. Por algo Disney compró Marvel y no esas franquicias de héroes taciturnos y filosóficos pero que visten como drags igual que las demás.

Por mi parte yo compro ‘Big Hero 6’ y las secuelas que vengan, mientras mantengan este nivel de poderío visual y este ambiente de ‘happy place’ en el que pasar un buen rato.

jueves, 28 de agosto de 2014

'Los Guardianes de la Galaxia'

Mi relación con el llamado Universo Cinematográfico Marvel es de amor-odio. Yo, que soy de mutantes, aún no he superado que los X-Men se hayan quedado en el limbo por culpa de acuerdos comerciales entre compañías. Incluso me irrita el reinicio ortopédico que han hecho desde ‘First Class’, que parece sustentado principalmente por los pectorales de Hugh Jackman. Pero es que ver a dos Mercurios en paralelo, uno en ‘Días del futuro pasado’ y otro en ‘Los Vengadores 2’, me pone de mala leche. Sobre todo si el primero lo mola todo y el segundo es la cuarta hermana Olsen. 

En fin, algún día rajaré a gusto de este tema, pero de momento vine a hablar de ‘Los Guardianes de la Galaxia’.


En mi mutantecentrismo galopante, lo primero que pensé al conocer el proyecto de esta película fue que el protagonista era Corsario, el padre de Cíclope y Havok. Pero, claro, no me cuadraba mucho la cosa, teniendo en cuenta que ese grupo es bastante marginal y me extrañaba que invirtieran dinero en él. Pronto me di cuenta de mi error y resulta que no sólo me había equivocado de grupo sino que, además, resultaba que Marvel y sus amigos estaban más que encantados de apostar por una franquicia menor de su universo. Y viendo el pelotazo que ha sido ‘Los Guardianes de la Galaxia’ resulta que les ha salido bien. ¡Odiosos!


El eco del éxito de la película penetró incluso los gruesos muros de mi torre de indiferencia. La brecha: el hecho de que ‘Los Vengadores’ me pareciera una película tan buena que acabara por meterme en vena todas las pelis individuales de los héroes en plan retrospectiva. Se da el caso que, además, por ese boquete se ha llegado a colar entera ‘Agents of S.H.I.E.L.D.’, la serie, con lo que creo que ya es momento de aceptar la derrota. La Estrella de la Muerte tenía un agujero mínimo en comparación y mira cómo acabó.

Por otro lado, el hype es un elemento indispensable en este tipo de proyectos. Ya ni siquiera es que los estudios sepan cómo generar expectación años antes del estreno, sino que hay un público cautivo de este tipo de películas que prácticamente está deseando unirse al mogollón mediático. Cada gordito en el mundo es un brioso agente de propagación de la fiebre. Así, llegué a leer que ‘Los Guardianes de la Galaxia’ estaba al nivel de ‘Los Vengadores’. Que, atención, estamos ante la ‘Star Wars’ de esta generación. Y que hasta un mostrenco como Batista tenía verdadero talento interpretativo, incluso debajo de esa capa de maquillaje.

Con semejantes expectativas es normal que el resultado final me dejara un poco más indiferente de lo esperado. Como película, en plan formal, digo. Y a lo mejor es muy loca la teoría que voy a exponer, pero creo que el problema fue haber visto ‘Transformers 4: A Nadie Le Importa El Subtítulo’ días antes que ésta. Dejando al margen que ‘Transformers’ es el equivalente a los dementores de las películas de acción, resultó ser una bofetada de realidad en lo referente a la serielización de las franquicias actuales. Cuando vas a ver una peli de estas ya no puedes considerarla por separado sino que tienes que ponerla en su contexto. Son como series, pero en pantalla grande y con añazos de espera entre capítulo y capítulo.

Con ‘Los Guardianes de la Galaxia’ creo que pasa esto. No hay la presión de crear una historia redonda, sino de preparar al espectador para lo que está por venir en las secuelas, tanto en su propia saga como en la genérica de Marvel. Sí que recuerda un poco a las primeras ‘Star Wars’ en este sentido de proyectar la trama más allá de la película que nos ocupa. Y en lo de querer vender muñecos, que a lo mejor la peli no me ha molado tanto como para comprarme el disfraz de Gamora pero un Groot bailongo en su maceta es algo que siento que necesito con urgencia.

Como primer capítulo de una saga, ‘Los Guardianes de la Galaxia’ se concentra en desarrollar lo principal: el grupo de protagonistas. No existe ese recurso fácil, pero caro, de montar una precuela a todo color y en 3D para cada miembro del equipo, así que hay que trabajar rápido y bien para que el espectador entienda de dónde sale cada uno y hacia dónde va. El resultado no es que sea algo fino y elegante, pues hay alguna escena hecha a cuchillo, pero es lo que hay. Como espectador ya sabes que tienes que poner un poco de tu suspensión de incredulidad para aceptar como normales esos amores y esas reconciliaciones súbitas. 

Para dar cabida a las dinámicas entre los cinco protagonistas lo que acaba sufriendo es el argumento. “Hay un señor muy malo que quiere un fistro muy poderoso para hacer pupa” es el boceto de la trama del 95% de argumentos de acción. Es que incluso sin salir del Universo Cinematográfico Marvel, resulta que [y esto yo no sé si un spoiler o no, que ya con estas cosas estoy por tirarme al suelo y acurrucarme en una esquina, porque no entiendo nada ya, pero yo aviso de que en un par de líneas diré cosas] el fistro de ‘Los guardianes de la galaxia’ es parte del Fistro Super Powerboost Edition Set que unifica los desvelos de todos los superhéroes que hemos visto hasta la fecha y da coherencia a esto del Universo Marvel. Vamos, que es parte de una colección de armas definitivas que incluye el Teseracto que anima el cotarro en ‘El Capitán América: La Uno’ y ‘Los Vengadores’ y el chisme (¿Éter, era?) que genera los líos en ‘Thor 2: Nunca Me Aprendo Las Coletillas’. 

Tener toda esta visión de conjunto es un arma de doble filo. Por un lado me da la vida y es una traslación perfecta del sentimiento que hizo que me enamorara de los cómics de la Marvel. Esos argumentos locos que necesitaban abarcar varias colecciones en crossovers demenciales es que me tienen ganado. Pero por otro lado, como digo, al considerar las películas sueltas me quedo un poco vacío.

Por ejemplo [y vuelvo a los spoilers… o eso creo], en ‘Los guardianes de la galaxia’ hay como un malo en nómina, que es como muy anodino y nos interesa cero, y luego hay malillos que por unas causas u otras resultan más estimulantes, como el minion del malo, la hermana resentida de Gamora o el jefe de Star-Lord. Y cuando digo lo de las causas u otras estoy hablando al nivel de que las TEXTURAS del maquillaje son como para volverse loco y ya por eso el personaje lo mola todo. Pero en fin, el caso es que todos estos que digo NO IMPORTAN un comino, porque de repente hacen chas y te sacan a Thanos ahí todo contento en su asteroide y al rato hacen chas chas y aparece El Coleccionista ahí todo puesto con sus vitrinas y sus perretas. Y primero no lo entiendes y luego, con el tiempo y su poquito de navegar por Internet, vas conectando los puntos. Pero en la sala de cine te quedas así como oyendo la música sin pillar la letra.

¿Qué soy un puntilloso? Pues sí. ¿Que la peli es una pasada sin entrar en tanta mitología marveliana? Pues seguramente también. Como expresa el consenso de la red: es un muy buen entretenimiento. Porque está claro que tenemos todos estas vidas tan apasionantes y llenas de desafíos elevados que necesitamos un entretenimiento que esté a la altura en el ratito que encontramos entre que investigamos la cura contra el cáncer y el momento en que nos ponemos a resolver la situación macroeconómica del mundo. Yo es que lo siento, pero que la cani de turno diga, así en plan perdonavidas, que una peli así la entretiene me pone de los nervios. ¡Que luego resulta que lo único que hace en todo el día es esperar que la llamen del casting de ‘Hombres mujeres y viceversa’!
En fin, que me pierdo.

Que pese a que yo me quedara con ganas de más, en lo que hace referencia a la simple experiencia de verla, ‘Los guardianes de la galaxia’ mola. Funciona el carisma de los personajes y, por tanto, de los actores. Posiblemente sea al revés, realmente. Aunque yo la vi doblada y me perdí a Vin Diesel y Bradley Cooper. Pero Chris Pratt está estupendo (en toda la profundidad de la expresión), Zoe Saldana hace de Uhura ninja pintada de verde (esto es un sí) y Batista me hizo olvidar que era Batista, con lo que ha sido Batista en esta Abadía (esto es otro sí). 

Me gusta que la película tenga este tono modesto. De no ponerse al nivel de ‘Los Vengadores’, que para mí no lo está, pero porque no hace falta y no porque no pueda. El toque camp de la banda sonora, integrada en la narración. El aire más infantil y no lo digo por el mapache con bazooka sino por recursos narrativos obvios como la escena en la que todos los protas se hacen amiguitos o el reprise del final de “dame la mano” (¿me ha quedado suficientemente críptico?). 

Creo entender que el entusiasmo que despierta esta película y que hace compararla con sagas tan míticas como añoradas es justo un espíritu inclusivo que es tan raro de ver hoy en día. Es difícil resistirse a ser un simple espectador. Si esta peli me hubiera pillado con unos años menos ahora mismo estaría loco por ser un Star-Lord. Por comprarme los muñecos de todos los personajes y las miniaturas de las naves también, claro. Pero, sobre todo, ¡SER EL PUTO STAR-LORD!


lunes, 25 de agosto de 2014

'Lucy'


Que las tetas de la Johansson no os impidan ver el bosque: ‘Lucy’ es una película de Luc Besson. Así que os merecéis todo lo malo que os pase si decidís verla por daros un homenaje de ciencia ficción. Yo entiendo que es difícil. Ahora con la Johansson uno ya no sabe bien a qué atenerse. Para bien o para mal todos la seguimos recordando en bragas en esa cosa gafapasta que es ‘Lost in translation’, que conecta con su breve etapa de musa de Woody Allen y el tema de actriz total de poner sólo la voz en ‘Her’. Pero, claro, por otro lado la chica ha encontrado el plan de pensiones de su vida al subirse al carro del Universo Cinemático Marvel, que sería un registro diferente.

Entonces, te ponen a Scarlett en el cartel de una peli que habla del porcentaje que usamos los humanos de nuestro cerebro y la evolución de las especies y blablá. Y sale así sin pistolas ni ultraceñida ni nada. Además ponen el nombre de Morgan Freeman, que vale que es otro actor al que le da igual ocho que ochenta e igual te dobla una película de Lego que te narra documentales de pingüinos y programas sobre el cosmos. ¿Qué pensar ante un cartel así? 


Por eso no hay que perder de vista la referencia fundamental, que es Luc Besson. Las pelis de este hombre van, básicamente, de gente que se persigue muy a loco en coche y va pegando tiros a destajo. Si puede ser a la vez, mejor. Yo diría que incluso en las peliculillas esas de los Minimoys debe haber alguna persecución en minicoche o algo así. Esas no las vi. En cambio sí vi ‘The transporter’, en la que Besson llenó páginas y páginas del guión que escribió con “EXTERIOR DÍA – PERSECUCIÓN EN COCHE”. Y luego, claro, ese mítico “INTERIOR GARAJE – JASON STATHAM PELEANDO REBOZADO EN ACEITE DE MOTOR”. Teniendo en cuenta que la franquicia quiere tener como seis películas y una serie de televisión, creo que queda claro que a Besson el tema de los coches y los tiros le da la vida. Literalmente.

Si ‘Lucy’ está cerca, en su concepto, de ‘The transporter’, entonces la Johansson es aquí más Viuda Negra que chica de la perla y Morganfreeman tiende más hacia su lado Iker Jiménez que al Carl Sagan. Y teniendo estos parámetros claros ya nos podemos lanzar al disfrute sin complejos y totalmente desbocado. Porque la peli es burra a más no poder y no se toma en serio a sí misma en ningún momento. Ese es el problema que yo le vi, porque me sentía algo perdido sin referencias ni explicaciones que me permitieran situarme y generar expectativas en la trama.

A grandes rasgos, la cosa va de que a la Scarlett le salen superpoderes y hay unos chinos, que luego resulta que hablan coreano, que la quieren matar. Pero no es como Jean Grey, por ejemplo, que sabemos que es telépata y por eso cuela que también desarrolle telequinesis y que luego cuando se hace una con una fuerza primigenia del Universo se convierte en Fénix y tú compras totalmente que sea capaz de volar por el espacio sideral y destruir mundos a golpe de melena. Todo eso tiene mucho sentido. Sobre todo si luego resulta que la Jean Grey real se había quedado atrapada en una cápsula en el fondo del mar durante todo ese tiempo y Fénix era un ser diferente. Así que por eso Jean Grey en realidad no puede volar por el espacio ni destruir universos, aunque siga teniendo un pelo estupendo (y un marido de mierda). Es lógico. Tú todo esto lo ves, lo palpas. Está ahí. Es como cuando Banshee vuela porque se pone a gritar muy fuerte. Claro que sí.

Los poderes de Lucy son totalmente impredecibles y escalan según convenga, por lo que tuve que renunciar a situarme en la trama y simplemente me dejé llevar. Por suerte, como digo, la película es muy autoconsciente y la puesta en escena de la evolución de los truquitrucos de Lucy está del todo volcada en el espectáculo. Después de ver cómo la prota interactúa con el mundo como si fuera su Samsung Galaxy ya estás preparado para tragarte el final sin un solo pestañeo. Y no me resisto a un spoiler mínimo, apenas apuntado, pero avisado porque ya sé cómo se las gasta el Internet, pero yo en ese final esperaba que en cualquier momento entrara un japonés por la puerta montado en una moto gritando “¡¡Tetsuo!!”. Así de petardo es todo.

Lo más difícil de tragar de la película, para mí, es que la interpretación de Johansson hace que lo de la Viuda Negra en ‘Los Vengadores’ sea una de esas “con matices y llena de registros”. Entiendo el tema de que a medida de que digievolucione Lucy se vuelva menos humana, pero teniendo en cuenta que es un concepto que se sacan de la manga no veo el motivo por el que la protagonista deba poner cara de maniquí del Bershka y voz de máquina de tabaco la mayor parte de la película. Al final ya no sólo es que se trate de una peli de coches y tiros, sino es que realmente no te importa mucho a quién le peguen el tiro o a quién le abollen el coche. Que es una cosa que con el Statham no me pasaba, sin ir más lejos.

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